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“DESTELLO” de MÓNICA MARÍN

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UNA CLÍNICA PRAGMÁTICA

Con la topología de los nudos, cada uno de los tres registros: R,S,I, adquiere, en su manera de anudarse con los otros, estatuto de suplencia.

R deviene ex_sistencia: lo que se situa fuera del cuerpo y de la simbolización, S vale como insistencia: en hacer agujero, marca en el cuerpo, e I vale como consistencia, la que coge el cuerpo para que R y S se trencen en el viviente. De este modo, cada registro tiene estatuto de nominación sustitutiva.

Al final del Seminario R,S,I ,Lacan retoma la tripartición freudiana del ISA: inhibición, síntoma y angustia estableciendo su correspondencia con las tres nominaciones.

Entre R y S, la nominación imaginaria es lo que inhibe el avance de una demostración hecha por el simbólico. La inhibición es la nominación imaginaria.

Entre R e I, la nominación simbólica es lo que permite la invención del síntoma con su envoltura formal. El síntoma es la nominación simbólica.

Y la nominación real que produce el afecto que no engaña es la angustia.

Pero los tres registros pueden anudarse sin los entrecruzamientos que constituyen  una cadena borromea. Puede haber una lapsus del nudo, y no entrelazados borromeos.

Sin embargo es posible un empalme, por ejemplo el caso del sinthome joyciano. Este empalme suplementario en Joyce, es su escritura que repara el error del nudo. La escritura joyciana gracias a la cual él se hace un nombre, es un sinthome, un hilo que mantiene reunidos S y R donde la consistencia del cuerpo no pudo hacerlo..

Un anudamiento determina un modo de defensa contra lo R. Son posibles, entonces,  otros anudamientos, por ejemplo la puesta en continuidad de R,S,I, en el nudo de trébol de la paranoia.

Siendo los tres registros equivalentes, no son distinguibles y lo que importa es la operación de anudamiento. La nominación del modo de goce, es suplementaria a las nominaciones por la inhibición, por el síntoma y por la angustia.

Se inaugura una clínica del sinthome, del empalme, del bricolaje del nudo, una clínica creacionista. Y toman aquí su fundamento las psicosis ordinarias: son psicosis de hecho en las que las nominaciones tienen el aire de hacer nudo, como dice Lacan en el seminario XXIII.

La clínica y las prácticas en general se transforman. En los tiempos de la declinación del padre y del relegamiento del régimen edípico al nivel de costumbres de un mundo antiguo, el último Lacan nos brinda una clínica que es una pragmática up to date.

Mónica Marín. Psicoanalista en Bilbao. Miembro de la ELP y la AMP. AME. Coordinadora SCFBI. Directora del CPBI. Co-coordinadora del ICF-España. Docente SCFBI-ICF

marin1@telefonica.net

 

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“DESTELLO” DE ESTHER GONZÁLEZ

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En “Efecto retorno sobre la psicosis ordinaria” Miller muestra su preocupación en relación a como, debido a algunos problemas que se planteaban en la clínica, la frontera entre psicosis y neurosis se ha ido ensanchando hasta introducir la psicosis ordinaria como un tercero dentro de la construcción binaria clásica (neurosis-psicosis).

Si bien se trata de situar la relación de un sujeto con su modo de gozar, Lacan ya en el Seminario I señala que descomponer indefinidamente, introducir cada vez más hipótesis suplementarias, como sucedió con las teorías post-freudianas, carece de interés.

La psicosis es un continente inmenso, nos dice Miller; se trata de una clínica de la tonalidad, pero que debe ser reducible a una forma clásica de psicosis o bien a una forma original de psicosis.

En ocasiones hay signos discretos y tenemos que estar atentos para poder descubrirlos; la psicosis ordinaria amplía el campo de la psicosis. A la manera de Freud, que siempre luchó por sostener el discurso analítico dentro de la ortodoxia de los principios psicoanalíticos, Miller va señalando y ordenando los detalles clínicos que nos van a orientar de un lado o del otro de esa frontera,  animándonos a buscarlos.

No se trata entonces de dejar la construcción binaria; la  utilidad del concepto de psicosis ordinaria se sitúa en la manera por la cual se amplía nuestra capacidad para conceptualizar la psicosis y nos hace reflexionar en las vías de estabilización, de una manera que no existía anteriormente.

 

Esther González, Psicóloga Especialista en Psicología Clínica, Psicoanalista, miembro de la ELP y de la AMP

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“DESTELLO” DE MARÍA JOSE HERRERA

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NEODESENCADENAMIENTO/DESENGANCHE Y PSICOSIS ORDINARIA

En “De una cuestión preliminar…”, Lacan desarrolló su hipótesis sobre la estructura de la Psicosis. Esta estructura respondería a la forclusión del Nombre del Padre y a la falta de significación fálica. Esta forclusión y esta falta estarían en el origen de los abismos que pueden presentificarse a los sujetos en lo simbólico y en lo imaginario respectivamente.

El desencadenamiento es un término lacaniano con el que designamos el inicio clínico de una psicosis en el que suele unirse “una causa accidental (el encuentro con Un-padre), la disolución de un elemento estabilizador (una identificación) y la operatividad de una causa específica (la forclusión del significante paterno”(1). Se trataría de un momento en lo que el sujeto no puede responder desde lo simbólico a la eventualidad de un encuentro contingente. En el desencadenamiento clásico hay un contraste marcado entre el antes y el después de que este se produzca.

¿Qué se observó en la clínica para que se abriese “un programa de investigación” en torno a la existencia de lo que llamamos la “psicosis ordinaria”?

Lo que motivó los desarrollos teóricos que se desplegaron en “El conciliábulo de Angers”(1996), “La conversación de Archacon”(1997) y La “La convención de Antibes”(1998) fue la detección en la clínica de lo que en principio se llamó como “casos raros” en donde se observaban formas de “desenganche” que se diferencian del desencadenamiento cásico.

El término neodesencadenamiento-desenganche, utilizado en referencia a la psicosis ordinaria, daría cuenta de los efectos parasitarios del lenguaje en estos sujetos y de las dificultades de los mismos para enlazarse al discurso. Desde la clínica del último Lacan el “neodesencadenamiento correspondería al desprendimiento del broche, sea cual fuere toda forma de insuficiencia de lo que constituía un punto de basta para un sujeto” (2), un broche que anudaba los tres registros. En la clínica del Sinthome, MILLER propuso llamar “desenganches” a las crisis suscitadas por ciertas disfunciones del “aparato síntoma”: ya sea un desencadenamiento (Po), una entrada a la psicosis (0) o una desestabilización”.(3)

En las Psicosis ordinaria, el contraste entre el antes y el después del neodesencadenamiento no es tan marcado (4). Se trataría de psicosis a las que JAM llama el tipo débil. “Cuando la estructura tiene más bien el aspecto débil, y el sujeto elaboró un síntoma que se desliza, a la deriva, el caso no se presta a un franco desencadenamiento” (5)

 

Maria Jose Herrera, psicoanalista, coordinadora del Seminario del ICF en Murcia.

 

(1) J.-A. Miller y otros, L psicodis ordinaria, Buenos Aires, Paidós 2011, p.50

(2) Ibid, p.43

(3) Ibid, p.74

(4) Ibid, p.238

(5) Ibid, p.238

 

 

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“DESTELLO” DE NICOLAS LANDRISCINI

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PSICOSIS ORDINARIA Y LAZO SOCIAL: APUNTES

Propongo unas breves consideraciones a partir de la lectura de un texto de nuestra colega Véronique Voruz titulado “Psicosis ordinaria y democracia”[1].

Una observación de Eric Laurent y otra de JAM provocan la reflexión de Véronique Voruz. En la Convención de Antibes[2], Eric Laurent indica que la psicosis ordinaria es la psicosis de la era democrática, y añade que se trata de la psicosis de masas. JAM precisa a continuación que dicha forma de psicosis es coherente con la época del Otro que no existe.

La democracia contemporánea es el modo de organización social resultante de la coalición actual entre el discurso capitalista y el discurso de la ciencia. Tiene por corolario la inexistencia del Otro. ¿En qué sentido? En el sentido en que la ciencia disuelve la “fixión”[3] entre significante y significado otrora asegurada por el NP, garante de la existencia del Otro. En su defecto, tal y como lo desarrollan Eric Laurent y JAM en “El Otro que no existe…”, vivimos en el régimen de la conversación ininterrumpida como intento permanentemente inacabado de fijar el sentido último de la lengua: he ahí una de las características de la democracia contemporánea.

El régimen del NP garantizaba la existencia de un Otro consistente cuya declinación en lo social era el imperio del universalismo, organizado por la lógica masculina del todo, la excepción y el límite. De dicha configuración eran solidarias las patologías del ideal, con sus correlatos la culpa, el deber y la prohibición. En contrapartida, la democracia contemporánea se caracteriza por la globalización, la cual está sostenida por la lógica del “no todo social”[4], que entraña el régimen de lo ilimitado así como la horizontalidad en el lazo social (lógica de redes, etc).

En esta configuración, Véronique Voruz postula que la psicosis ordinaria sería un efecto de la instalación de la lógica del no todo en lo social. En efecto, el imperio de la globalización tiene como consecuencia el individualismo de masas. Ello produce sujetos dispersos, desarrimados: los modos de vida ya no son organizados colectivamente sino que cada sujeto está abocado a inventar su vida.

¿Qué se desprende de ello? Pues bien, tal y como lo indica JAM desplegando al último Lacan, que todo el mundo es loco, es decir delirante[5]. Ahora bien,  ya no se trata aquí tanto de delirios extraordinarios sino más bien ordinarios, es decir meramente normales. ¿No es acaso lo que constatamos cada día en nuestra clínica?

[1] Voruz, V. : « Démocratie et psychose ordinaire », en Quarto nº 94-95, enero 2009. P. 116-122

[2] La psychose ordinaire : La convention d’Antibes, Agalma, Le Seuil, 1999. P. 258-260

[3] Neologismo formado por JAM en El Otro que no existe y sus comités de ética, Paidós, Buenos Aires 2005. P. 12

[4] Miller, J-A : « Intuiciones Milanesas I y II », 2002, en Cuadernos de Psicoanálisis nº 29. P. 38

[5] Miller, J-A : Todo el mundo es loco, curso 2007-08, Paidós, Buenos Aires 2015.

 

Nicolas Landriscini. Psicoanalista el Paris. Miembro de la ECF y de la AMP.

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“DESTELLO” DE FRANCESC VILÀ

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DESTELLOS DE MAESTRÍA CLÍNICA LACANIANA.

Así habló Lacan de sus antecedentes en la clínica:  “…apuntaremos el origen de este interés. Reside en el rastro de Clerambault, nuestro único maestro en psiquiatría”[1].

“Clerambault conocía bien la tradición francesa, pero era Kraepelin quien lo había formado, en quien el genio de la clínica era llevado a lo más alto…

…pero necesariamente, nos parece, nos vimos conducidos a Freud. Pues la fidelidad a la envoltura formal del síntoma, que es la verdadera huella clínica a la que tomábamos gusto, nos llevo a ese límite en que se invierte en efectos de creación”[2].

Bajo este posicionamiento en la clínica, la enseñanza de Lacan debate por épocas sobre la cura psicoanalítica. Si bien, tanto para las neurosis como para las psicosis, se trata de un saber hacer con el acto de interpretar o de silenciar.

Primer destello: la psicopatología de la vida cotidiana. En las neurosis el movimiento de reconquista del campo freudiano pone al día la posición del inconsciente reprimido en la dirección de una cura no sin transferencia.

Se trata de escuchar la psicopatología de la vida cotidiana para, así, esclarecer su envoltura formal como síntoma. Y la pregunta que surge es: ¿qué hacer con los lapsus, los actos fallidos, los sueños, los witz?

Estas formaciones del inconsciente se repiten en la clínica como interpretaciones del inconsciente y al sujeto supuesto le corresponde saber hace, no sin principios, para descifrar el resto reprimido de las mismas.

La interpretación del analista puntúa en la sincronía para así, en la diacronía, conseguir “hacer resonar, hacer alusión, sobreentender, hacer silencio, hacer de oráculo, citar, hacer enigma, mediodecir, revelar…”[3].

El psicoanálisis, a diferencia de otras prácticas de la salud mental inspiradas en la tradición inaugurada por Jaspers, no hace por autentificar o comprender el weltschmerz psicológico o sociológico, el cansancio o la fatiga del mundo[4]. Lo interpreta como síntoma contemporáneo del malestar en la weltanschauung de la civilización.

Segundo destello: el fenómeno elemental y su interpretación delirante. La introducción a la cuestión de las psicosis[5] interroga sobre el inconsciente a cielo abierto, asunto preliminar a cualquier tratamiento posible.

Leemos en las primeras líneas del Seminario de La Psicosis que Freud no ignoraba la esquizofrenia. El movimiento del concepto le era contemporáneo. Alentó los trabajos de la escuela de Zúrich y relacionó la teoría analítica con el entorno de Bleuler pero trazó una divisoria entre, por un lado, la paranoia y con lo que, por otro lado, le gustaría se llamase parafrénia –que corresponde con toda exactitud con el plural de las esquizofrenias-.

¿Qué muestra el inconsciente a cielo abierto? Que tanto la noción de automatismo mental de Clerambault como la interpretación delirante, o parafrénica, schreberiana se hallan en el epicentro de la clínica de las psicosis y la pregunta pertinente es: ¿cómo hacer para no defraudar a los ciudadanos protagonistas de su malestar que se enfrentan al fenómeno xenopático y a su interpretación? Fenómeno elemental, experiencia alucinatoria o lengua fundamental delirante siempre son muestra del nacimiento subjetivo de un Otro maligno animado por el Deseo de Muerte[6].

 “El reverso de la interpretación consiste en cernir el significante que hace las veces de fenómeno elemental del sujeto. Significante que se presenta aislado y como anterior a que se haya articulado en la formación del inconsciente que le da sentido de delirio”[7].

Este tipo de interpretación separa o hace de corte en la relación con el Otro psicótico, el Otro que retorna desde lo real en lugar de la psicopatología de la vida cotidiana neurótica. La interpretación pretende, en el horizonte, el efecto de silencio, de pausa o de estabilización delirante.

Cernir el fenómeno elemental xenopático –o su essaim, enjambre de destellos- así como producir el no pensar en nada son resultados esperables del hacer de corte de la interpretación en las psicosis. El analista no se deja llevar por la palabra loca, no hace de antipsiquiatra, por el mero hecho de que el delirio es una vía hacia la curación. Colabora a la defensa del sujeto ante el acontecimiento, elemental de la lengua o encadenado al lenguaje, que lo lleva de cabeza.

Tercer destello y retorno: los fenómenos ordinarios de la vida. ¿Qué hacer con los signos sutiles de la clínica contemporánea? Estos signos sutiles, si se anudan, producen efectos de creación. Son comparables a la envoltura formal del síntoma en el malestar ordinario de la civilización. Y son distintos de las posiciones de excepción ante la ausencia del Nombre del Padre en las psicosis extraordinarias. Estas formas normalizadas de locura rompen con la dogmática nosográfica[8], enriquecen la clínica con una variedad de recursos de la lengua que los sujetos ponen a prueba en sus conversaciones analíticas a la hora de sostener sus vidas y ser nominados a… frente los acontecimientos sorpresivos de la vida[9].

Estos fenómenos ordinarios testimonian de los cambios que ha experimentado la vida contemporánea. El campo lacaniano del goce considera que, de manera habitual, el espíritu de nuestro tiempo pasa de la otrora central función del Nombre del Padre y su correlato de novela edípica familiar. El nuevo organizador principal de la sociedad es el discurso de la Ciencia con sus cifras y porcentajes. Este nuevo amo, amo de gran crédito, es el protagonista estrella de los estragos del lazo social.

La Ciencia hace funcionar el nuevo mundo global. Y a los humanos les corresponde la ardua y cansada tarea de nombrar su propia utilidad en ese non stop. Hacen bricolaje de sus historias. Escriben la vida como un manual de uso.. . y quizá tienen al analista como secretario advertido en esta escritura.  

“Siempre estuvieron allí estas marcas, inscritas en una serie de fenómenos que van desde el fenómeno elemental a la fijación erógena, al trauma, al uso casi neológico de palabras comunes…”[10]

 La experiencia analítica practica un imposible, colabora a ponerlos en función y a anudarlos con la vida.

“La interpretación consiste en usar esos elementos que ya estaban allí y utilizar las particularidades de lo que siempre es una falla en el Otro y su fracaso en hacerse cargo del campo del goce como tal”[11].

 Curiosa la pragmática con los casos difíciles de clasificar, aparentemente raros o poco frecuentes. Recrea una variedad de usos útiles tanto para la neurosis como la psicosis. Estos casos muestran como la interpretación como puntuación y la interpretación como corte se serian en una banda de Moëbius.

Y por último, y no menos importante, conviene recordar que los fenómenos ordinarios facilitan el retorno a la unidad de experiencia en la clínica psicoanalítica: “El lugar del analista se define como formando parte del concepto del inconsciente. Al interrogar el acto analítico, Lacan señala que la verdadera originalidad del método analítico no es el haber producido una clasificación nueva, sino constatar que el analista ya está presente en la historia del paciente”[12]

Tanto la puntuación como el corte anudan el significante y el goce. Colaboran a la sinthomatizacón del sujeto que ha encontrado un analista para hacer posible la multiplicidad del oxímoron contemporáneo: la locura normalizada…

 

[1] Lacan, J. “De nuestros antecedentes”. En Escritos 1. Siglo XXI editores.

[2] Lacan, ibíd.

[3] Miller, La interpretación al revés. En Entonces ^Sssh…^. Minilibros Eolia, Barcelona-Buenos Aires 1996.

[4] Referencia al libro de Byung-Chul Han, La sociedad del cansancio en Herder. Barcelona, 2012. Otra referencia se puede encontrar en la primera clase del Seminario 3 de Lacan dedicado a las psicosis.

[5] Titulo de la primera clase del Seminario 3 del año académico 1955-56, dedicado a Las psicosis.

[6] Lefort, R&R. Nacimiento del Otro. Paidós. Barcelona, 1995.

[7] Laurent, E. La interpretación ordinaria en Freudiana numero 76, Barcelona 2016.

[8] Álvarez, J.M. Sobre las formas normalizadas de locura. Un apunte. Freudiana numero 76. Barcelona 2016.

[9] Brousse, M-H, La psicosis ordinaria a la luz de la teoría lacaniana del discurso en Freudiana numero 76. Barcelona, 2016.

[10]  Laurent, E. Ibíd.

[11] Laurent, E. Ibíd.

[12] Laurent, E. Ibíd.

Francesc Vilà. Psicoanalista en Barcelona. AME. Miembro de la ELP y AMP. Psicólogo Clínico. Director sociosanitario de la Fundación Cassià Just.

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“DESTELLO” DE BLANCA FERNÁNDEZ

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Paralelismos

La vieja afirmación de que la nerviosidad era un producto de la civilización tiene, por lo menos, una parte de verdad.

S. Freud, Múltiple interés del psicoanálisis

La psicosis ordinaria es un concepto relativamente reciente en la historia del psicoanálisis pues fue acuñado por Jacques-Alain Miller a finales de los años 90. Se trata de un concepto que irrumpió con brío y gran éxito, pues acogía la dificultad diagnóstica que presentaban un gran número de casos de la clínica contemporánea. Tanto es así que se usó profusamente y, en ocasiones, sin un criterio claro que sustentara un certero diagnóstico.

En los últimos tiempos se ha escrito mucho y bien sobre este difícil y complejo concepto, sobre esta categoría clínica lacaniana, en el que es importante aprehender la sutileza con la que se presentan sus “signos discretos”. Una pequeña nota captó mi atención en un interesante texto firmado por Miquel Bassols titulado Las psicosis, ordenadas bajo transferencia [1]. En él dice Bassols “[que] la categoría de las psicosis ordinarias hace estallar el sistema diagnóstico de la clínica estructural. Ocurre con ellas algo parecido a lo que ocurría en la primera clínica freudiana con la introducción de las llamadas neurosis actuales, las neurosis que Freud distinguía de las psiconeurosis clásicas y que se definían por su falta de historia infantil y por la falta de sobre determinación simbólica de los síntomas. Toda neurosis era una neurosis actual hasta que no se encontraran estos dos elementos estructurales que no cesaban de no escribirse… hasta el encuentro contingente que decantaba su significación”. Momento inaugural aquel de comienzos del siglo XX, donde la clínica freudiana daba sus primeros pasos y fijaba de manera temprana, pero también precisa, la diferencia entre neurosis actuales y psiconeurosis de defensa, separándolas  de la antigua concepción de neurosis, término dado por el médico escocés Cullen a las afecciones que parecían tener su origen en algún problema neurológico pero sin causa orgánica definida. Freud dirá que los síntomas de las neurosis actuales no poseen significación psíquica, a diferencia de los de las psiconeurosis –en particular la histeria-, que sí tienen valor de mensaje cifrado: “(…) los síntomas de las neurosis actuales –pesadez de cabeza, sensación de dolor, irritación de un órgano, debilidad o inhibición de una función- carecen de “sentido”; esto es, de significación psíquica”.

A partir de ahí siempre nos hemos manejado con una clínica binaria, en palabras de Miller, durante el tiempo en los que se podía rastrear la eficacia o no del Edipo.

Momento inaugural también el que surge entre el siglo XX y el XXI con esta categoría clínica, que corre paralela al declive del Nombre-del-Padre y, por tanto, participa de la fórmula de la forclusión generalizada como fondo de pantalla. La orientación diagnóstica entonces estaría centrada en el afinamiento del concepto de neurosis y en su demostración en el caso por caso, en palabras de Miller [2]: [es una neurosis si] hay una relación al Nombre-del-Padre –no un Nombre-del-Padre, hay que encontrar algunas pruebas de la existencia del menos phi, de la relación con la castración, con la impotencia y con la imposibilidad; tiene que haber –para utilizar los términos freudianos de la segunda tópica- una diferenciación clara entre el yo y el ello, entre los significantes y las pulsiones; un superyó claramente marcado. Si no se la reconoce como tal, habría que apostar por la psicosis disimulada o velada, en palabras de Miller y atender a las precisiones que realiza en la triple externalidad de su escrito El efecto retorno sobre la psicosis ordinaria.

La Conversación Clínica de Bilbao será un hito importante para seguir con el esclarecimiento de lo que constituye todo un programa de investigación.

[1] Bassols, Miquel: Psicosis, ordenadas bajo transferencia.

[2] Miller, Jacques-Alain: Efecto retorno sobre la psicosis ordinaria.

Blanca Fernández. Psicoanalista en Málaga. Miembro de la ELP y AMP.

 

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“DESTELLO” DE LEONARDO GOROSTIZA

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Una cuestión de intensidad

En su conferencia de 2009, Jacques-Alain Miller nos propone ir a “…la búsqueda de pequeños índices. Es –dice- una clínica muy delicada. A menudo es una cuestión de intensidad. Una cuestión de más o menos.”1

Sin duda, no se trata aquí del “más o el menos” del significante, del “todo o nada” de la clínica discontinuista centrada en la forclusión del nombre del padre. Se trata de una clínica que se propone localizar matices y gradaciones. ¿Cómo entenderlo?

Es precisamente en su escrito mayor sobre la psicosis2 fundado en el más o el menos del significante donde Lacan, paradojalmente, dejó una pista. Al caracterizar el fundamento de los fenómenos erróneamente llamados intuitivos señala que se trata de un efecto del significante donde “… su grado de certidumbre (grado segundo: significación de significación) toma un peso proporcional al vacío enigmático que se presenta primeramente en el lugar de la significación misma.”3

Que Lacan diga que su “grado de certidumbre” es proporcional al vacío de significación, parece indicar que se podría situar allí una cuestión de intensidades: a mayor vacío, más certidumbre, a menor vacío, menor certidumbre.

Y que esto lo afirme en el seno de una caracterización que hace del “todo o nada” del significante su fundamento, lejos de la paradoja que ello implica no debe hacernos retroceder en encontrar allí una brújula para los fenómenos discretos y sutiles de las psicosis ordinarias. ¿No es acaso una referencia extraída de dicho escrito4 la que nos sirve de eje central para nuestra investigación cuando nos proponemos localizar las modalidades que puede tomar en cada sujeto ese “desorden provocado en la juntura más íntima del sentimiento de la vida”?5

Ocurre que, precisamente, es el vacío de significación fálica lo que corresponde a dicho desorden y a sus modalidades, que no convendría asimilar rápidamente en todos los casos a la significación mortal que dicho desorden toma en Schreber.6

Pero además no es lo mismo un “vacío” que una “indeterminación”. Si esta última, puede alcanzar grados muy altos en la neurosis (por ejemplo, en la histeria) y llevar a intentos de resolución vía fantasmática compatibles con lo que los clásicos describieron como “síndrome o delirio sensitivo de autorreferencia” (Kretschmer), en las psicosis los fenómenos de indeterminación serán siempre tributarios de un vacío o, mejor aún, de un agujero.

Indagar sobre estas diferencias, y unas cuantas modalidades más,7 forma entonces parte de nuestro programa de investigación sobre las psicosis ordinarias.

  1. Miller, J.-A., “Efecto retorno sobre la psicosis ordinaria”, El Caldero de la Escuela, nueva serie, número 14, EOL, Argentina, 2010, pág. 20.

  2. Lacan, J., “De una cuestión preliminar a todo tratamiento posible de la psicosis”, Escritos 2, Siglo Veintiuno Editores, Argentina, 2002.

  3. Op. cit., pág. 516.

  4. Ibídem nota 1.

  5. Op. cit. en nota 2, pág. 534.

  6. Ver para esto op. cit. en nota 2, pág. 546, y el comentario de J.-A. Miller en 13 clases sobre El Hombre de los Lobos, UNSAM-Pasaje 895, Argentina, 2011, pág. 48.

  7. Miller, J.-A., De la naturaleza de los semblantes, Paidós, Argentina, 2002, pág. 52.

Buenos Aires, 25 de junio de 2017. Leonardo Gorostiza. Psicoanalista. Miembro de la Escuela de la Orientación Lacaniana (EOL) y de la Asociación Mundial de Psicoanálisis (AMP). AME de la EOL y de la AMP. AE (2010/2013). Ex Presidente de la AMP (2010/2014).