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RESEÑA VI

Pablo Cardona

LA PSICOSIS ORDINARIA *(Eric Laurent)

 

En este texto, transcripción de la conferencia dictada el 27 de noviembre de 2006 en el Instituto Clínico de Buenos Aires, Eric Laurent nos sitúa y orienta en la clínica de la “psicosis ordinaria”, así como en la relación de ésta con el contexto en que surgió y por el que deberá transcurrir.

Comienza situando la intervención de Jacques-Alain Miller en La Convención de Antibes, en la propone el nombre de “psicosis ordinaria”, como una puntuación a un trabajo que comenzó en las secciones clínicas mucho antes: tratar de leer la clínica de las psicosis a partir de la pareja ordenada S₁-a. Es decir, que “un significante no va sin su cara de goce”. Con esta consideración, en lugar de un régimen de disyunción, se obtiene más bien de un régimen de suplencias, que permite inicialmente la inclusión de las pluralizaciones de funcionamiento de significantes amos que permiten funcionar sin la ayuda de los discursos establecidos.

Este reordenamiento implica retomar la neurosis a partir de la psicosis, “y entonces tenemos la neurosis como un caso particular de la psicosis generalizada”.

Sitúa el contexto de la época en que esto se inicia hablando de los “estados límites” cuya entrada en el DSM, bajo el epígrafe de los trastornos de personalidad, fue promovida desde la IPA por Otto Kernberg como parte de un proyecto más amplio: Negociar el lugar del psicoanálisis con la clínica biológica y construir una nueva concepción del psicoanálisis. Esta orientación se centraba una vez más sobre los procedimientos de defensas del yo, a lo que Lacan ya se había opuesto en los años 60, y la propuesta de JAM en ese momento, para distinguirse y proponer orientación, “para reordenar y poner perspectivas lacanianas dentro de esto, fue el S₁ solo, para interrogar con esto el fenómeno elemental y la relación del sujeto con sus suplencias”. Esto permite abordar las psicosis en general, incluidas las no-desencadenadas.

“El programa de investigación llamado a abordar la clínica a partir de la psicosis ordinaria consiste en tratar de establecer una cierta pragmática, caso por caso, de cómo en un sujeto vienen a abordarse las consistencias de lo real, lo simbólico, lo imaginario”.

Retoma las categorías de la convención de Antibes: neo-conversión (¿cómo un sujeto se relaciona con un cuerpo que no es armado por un síntoma centrado en el amor al padre?), neo-desencadenamiento (fenómenos de desenganche, que pueden al mismo tiempo mantener y hacer compatible una perspectiva de discontinuidad y una cierta perspectiva de continuidad) y neo-transferencia (¿cuál es la dirección de la cura en un sujeto que viene de este modo?). A partir de este punto, retoma su propia conferencia sobre la interpretación en las psicosis para manifestar la importancia de ubicar las pausas, las rupturas, los cortes, con la idea más bien de “centrarse en el acontecimiento de cuerpo como el momento de abrochamiento, el punto en el cual se pueden anudar para un sujeto la consistencia RSI”. La orientación de la cura consiste en puntuar esos momentos, esos surgimientos erráticos de lo real, para evitar la construcción de un delirio, ahorrando al sujeto un enorme trabajo. Se trata de “desalentar la consistencia del delirio (…) y remitirlo a una única consistencia, la de los acontecimientos del cuerpo”.

De nuevo a contracorriente de la orientación de la IPA, que busca las maneras de financiar programas de evaluación de terapias para tratar de mantenerse en cierta armonía con las aspiraciones de la psiquiatría americana, propone rechazar de forma explícita y argumentada la evaluación como una perspectiva errónea. Se trata de encontrar la buena manera de hacer con ese real, frente al cuento cientificista de encontrar la felicidad.

Ya en las respuestas a las intervenciones del público, señala la importancia de sostener y tratar de convencer a otros sobre el interés de reconocer la existencia de la alucinación en la infancia (que, como tal, no existe en el DSM), para evitar su banalización y desconocimiento, pero tratando también de mantener en norma a quien padece estos fenómenos, aprovechando las normas distendidas de esta época.

Habla del “diagnóstico precoz” como el panóptico de vigilancia de la amenaza adolescente, de los fenómenos de violencia.

Nos orienta hacia saber arreglárnoslas con los significantes que tienen éxito en nuestra época (como el de “tr bipolar”): en lugar de luchar en el nivel de las categorías, utilizar estos significantes para pasar al nivel de lo particular, de lo singular.

“Tenemos que utilizar nuestro programa como una investigación empírica y clínica para estar al tanto de estos desplazamientos de la atmósfera clínica, o del discurso clínico, para mantenernos e insertarnos en esta conversación clínica que se desplaza”. En esta línea termina su intervención, alentando a que este programa de investigación suponga un fuerte recurso para nosotros, pero también para la comunidad en general.

 

 

 

*Laurent, Eric. La psicosis ordinaria. En: ¿Cómo se enseña la clínica?

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Reseña V

LOS INCLASIFICABLES DE LA CLÍNICA PSICOANALÍTICA (Jacques Alain Miller y otros)

Bárbara Gallastegui, Iñigo Martinez

            El libro Los inclasificables de la clínica psicoanalítica recoge El Conciliábulo celebrado en Angers (1996) y La Conversación de Arcachon (1997), deslizándose de la sorpresa a la rareza.

El Conciliábulo lleva por título “Efectos de sorpresa en las psicosis” y la mayoría de los casos presentados plantean la duda diagnóstica, algo que hace que los clínicos sean sorprendidos y que les hace cuestionar su propia construcción del caso. Pero, si en lugar de la sorpresa del clínico hablamos de la sorpresa del paciente… ¿se puede hablar de sorpresa en las psicosis?, ¿no se necesita de la represión para que haya sorpresa? J-A Miller plantea una primera bipartición según la cual el polo neurótico estaría en relación a la sorpresa y el psicótico al enigma. Sin embargo, esta aparente oposición se va hilando de tal modo que el enigma va a aparecer como la clave para conceptualizar la forclusión generalizada. En definitiva, ¿qué es el enigma? Algo reconocido como un significante pero que no sabemos qué quiere decir. El enigma cuestiona por lo tanto la relación entre significante y significado. Y el efecto de certeza que puede producir -tanto más quiere decir cuando no sabemos qué- es homólogo a la angustia que surge ante el deseo del Otro. De esta afinidad entre angustia y certeza desprende Miller que la angustia es la certeza. Lo que engaña, pues, no es la angustia sino la relación entre el significante y el significado. Desde esta perspectiva lo normal no es la articulación entre el significante y el significado: la norma es el enigma. Ese es el punto de partida de cualquier ser hablante. Bajo la forma de la sorpresa, el neurótico recoge algo del enigma, no dejándose apasionar o adormecer por la significación desplegada. De este modo, J-A Miller va elaborando -en sus excelentes apertura y cierre a El Conciliábulo– los modos de ir dejando de pensar las psicosis desde el modelo de las neurosis. Más bien resultaría a la inversa.

Iñigo Martinez

 

            Con la perspectiva de una línea de investigación ya abierta con El Conciliábulo, Arcachon es el marco elegido en 1997 para la puesta en marcha de un nuevo formato, el de La Conversación, que permite continuar ahondando sobre el estudio de los llamados inclasificables de la clínica, esos casos raros que se resisten a encajar con comodidad en los diagnósticos psicoanalíticos clásicos.

La apertura a cargo de Jacques Alain Miller pone sobre la mesa el problema que les reúne, que no es otra que la cuestión de las clasificaciones, reducida hasta la fecha a la tripartición clásica neurosis-psicosis-perversión, abreviada en la práctica común al binario neurosis-psicosis.

En la epistemología de la clasificación se observa que cuando se hace una bipartición siempre se tiene una acumulación de casos alrededor de la división, que no son inclasificables, sino indiscernibles, es decir, que no se sabe de qué lado ponerlos. Cuando esta zona crece demasiado, cuestiona el corte mismo y si estalla, se restablece la continuidad.

Los trabajos presentados dan cuenta de un llamamiento a otra clasificación, lo que le permite a Miller destacar, en palabras de Marie-Hélène Brousse, dos formalizaciones posibles de la clínica en la enseñanza de Lacan: una estructuralista, discontinuista y conceptual, con la presencia o ausencia del Nombre del Padre como elemento diferencial distintivo entre neurosis y psicosis respectivamente y, otra, borromea, elástica y fundada en una generalización de la forclusión. En esta segunda formalización resulta problemático encontrar el elemento diferencial, de forma que nos topamos más bien con una gradación que con una oposición tajante. No obstante, Miller, propone como elemento diferencial de la formalización borromea la posibilidad de aislar lo que denomina, punto de basta [point de capiton], una suerte de anudamiento que generaliza El Nombre del Padre, tal como se generaliza la forclusión. Entre el punto de basta y su eventual opuesto, la nebulosa, existe, pues, toda una gradación que debe ser estudiada.

Miller es tajante al decir que esta clínica no implica una gradación entre neurosis y psicosis, sino que en ambas hay un punto de basta: en un caso el punto de basta es el Nombre del Padre; en el otro, es otra cosa que el Nombre del Padre, si bien, se percibe que la estructura de abrochamiento no-NP es más compleja que la primera, lo que Lacan intentaba representar con el nudo.

El trabajo sobre los casos permite verificar la compatibilidad de ambas formalizaciones, al mismo tiempo que se van aislando precisiones clínicas. La equivalencia entre síntoma y Nombre del Padre (este último no sería más que un caso distinguido de síntoma) aparece como punto cardinal de la clínica borromea, esto es, un síntoma puede funcionar como Nombre del Padre, sostén de un anudamiento sistemático.

Los casos permiten interrogar la estructura como tal, distinguiendo un Lacan 1 de un Lacan 2 que no se contradicen. Son los signos ínfimos pescados en el detalle de la entrevista los que hacen dudar al clínico atento: algo que cojea en el nivel de los tres redondeles, RSI (un anclaje simbólico leve con imposición de lo imaginario; una relación de extrañamiento entre el yo y el cuerpo; una desconexión de la pulsión y de la captura del inconsciente); un lazo social mínimo, la ausencia de desencadenamiento propiamente dicho, el aislamiento de una metáfora delirante, un desorden en el nivel de la juntura más íntima del sentimiento de la vida, las declinaciones de las suplencias particulares de cada sujeto…

La elucubración teórica que bascula entre lo continuo y lo discontinuo permite a Miller señalar que la cuestión crucial es la práctica, esto es, cómo hacer para que la evolución de un sujeto sea más continua que discontinua, es decir, cómo evitarle las crisis, los llamados neodesencadenamientos, los desenganches sucesivos, que pueden llegar hasta la errancia.

El lugar del analista y la conducción de la cura son abordados señalando que a la posición del secretario del alienado ha de sumársele el trabajo como compañero de construcción de un punto de basta, siendo la voluntad del analista la de hacerse destinatario de los signos ínfimos, no mirar para otro lado, no abandonar hasta que el sujeto escupa el pedazo, entrando en la matriz del discurso por el signo y no por el sentido.

La Conversación de Arcachon es un escenario donde se invita a los analistas a que se le retuerza el pescuezo a la clínica, en la que se van arrastrando términos como as if, personalidad como si, caso límite, perturbación del curso del pensamiento, rareza, emancipación de pensamientos abstractos e inhibición… y se apela a avanzar con nuestra clínica analítica mucho más precisa y desarrollada.

Miller afirma que toda clasificación bien hecha debe incluir la bolsa de los inclasificables, insistiendo en ello: no debe olvidarse en ninguna clasificación la bolsa de los inclasificables, con la paradoja que esto puede implicar.

El amor de transferencia permite extraer un saber más allá de las clasificaciones. En cada uno de los casos de La Conversación, se ve cómo a su manera el practicante pudo amar un tipo de saber presente en los diferentes sujetos, con todas sus rarezas, su carácter insoportable y hacerse el destinatario. La transferencia es, pues, un instrumento epistemológico. ¿Cuál es el verdadero inclasificable? <<Todos estamos chapuceados>>, he aquí la verdadera conclusión que se desprende de La Conversación.

Bárbara Gallastegui Amores

 

 

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Reseña IV

PALPITACIONES ORDINARIAS. Gabriel Racki. (En PAPERS 777)

En su condensado e interesante artículo, Gabriel Racki se pregunta por el sentido del significante ordinario frente a lo que sería lo extraordinario. Si las psicosis enseñan a través de las épocas sobre el estatus del Otro y rechazan el semblante de autoridad paterno, en la actualidad dicho rechazo no es tan ruidoso, dada la declinación del semblante paterno y el ascenso del objeto al cenit social. En este sentido lo ordinario converge con el orden discursivo, con la inconsistencia del Otro para ordenar el goce del sujeto contemporáneo. Así la investigación psicosis ordinaria mantiene atento al clínico en la lección perpetua de las psicosis: el síntoma como una resistencia del sujeto a consentir una ley de regulación de su goce, a una clasificación para todos. La practica con el psicótico esclarece el acto del analista y destituye fantasmas e ideales. Así pueden seguirse diversas conceptualizaciones según la época: ser el secretario del alienado, no comprender, no actualizar al padre schreberiano, (…) y actualmente, hacerse destinatario de los signos ínfimos de la forclusión. Esta puesta a punto induce a renovar el estudio del acto analítico bajo transferencia.

Iñigo Martinez.

 

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Cita V

“Las psicosis ordinarias podrían ayudarnos a subvertir los “diagnósticos” rígidos, permitiendo mantenernos lo más cerca posible de la experiencia del sujeto, orientándonos a partir del goce del parlêtre. Es una clínica de soluciones singulares, inventivas, personales. Es una clínica de los “divinos detalles” que nos lleva a identificar, caso por caso, lo que se pone en juego para cada cual para tratar de situar lo que le hace sostenerse en la vida, lo que lo desestabiliza o puede hacerlo vacilar en cierto momento.”

Victoria Horne, Las psicosis ordinarias: alcance y límites en Editorial, Papers 777 N.1, p.p 6.

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Reseña III

LA INTERPRETACIÓN ORDINARIA. ÉRIC LAURENT1

Este texto se enmarca en la Conferencia de clausura del Seminario anglófono “psicosis ordinaria” que se celebró en París en julio del 2008, donde Éric Laurent propone extraer del significante “psicosis ordinaria” ciertos horizontes en relación a la interpretación en las psicosis.

Desde este contexto nos acerca a los trabajos de Heinz Kohut y Horacio Echegoyen, ambos miembros de la IPA, para plantearnos ciertos interrogantes acerca de la interpretación. ¿Se trataría, tal y como proponen estos dos autores, de acercarnos a una interpretación que señale lo verdadero?¿ Se puede pensar en una interpretación con prescripciones? ¿Es una interpretación en la que se apunta al texto del inconsciente como mensaje descifrable?

Éric Laurent nos orienta hacía otra apertura de vías en relación a la interpretación. Más bien, podríamos pensar en un trabajo permanente, que se produce cada vez, a cada encuentro, no estándar. Pero, no sin un principio. “El principio se enuncia: no hay metalenguaje”.

¿Y cómo reformular este principio que nos orienta en la interpretación de que no hay metalenguaje?

Laurent traza un recorrido desde la doctrina de Freud, hasta la segunda enseñanza de Lacan que engloba a la primera, para poder abrir horizontes con respecto a la interpretación en las psicosis en el tiempo del “todo el mundo es loco”2.

Por una parte, si en el tiempo en que nos orientábamos en la clínica con el soporte de la metáfora del Nombre del Padre que tenía la función de que la palabra se detenga, entonces, en este momento en que nos encontramos más allá del binarismo de neurosis-psicosis, se nos plantea la pregunta de“¿cómo interpretar si no tenemos al Nombre del Padre para estabilizar las significaciones?”

Asimismo,como uno de los efectos de situarnos en el momento de la enseñanza de Lacan  de la pluralización de los Nombres del Padre, extraemos que “es la lengua misma la que significantiza el goce transformándolo en trozos de goce, como el objeto a, a la vez elemento de goce y que sin embargo, funciona como una letra puede entrar en serie, puede ser sustituible, puede estar en el lugar de la causa.” Entonces Éric Laurent nos plantea la siguiente pregunta: “¿cómo podemos detenernos si es la lengua misma que se produce la significantización del goce?”

De este modo Éric Laurent nos propone centrar la interpretación en “el par ordenado (S1, a) siguiendo el hilo de este período de la enseñanza de Lacan en el que “la interpretación sólo debe referirse al objeto y modo de goce”.

¿Qué consecuencias trae aparejadas estas orientaciones? ¿De qué interpretación se trata en las psicosis?

”Se trata de buscar cómo pueden mantenerse unidos significante y goce en las variantes no estándar que presentan las diferentes psicosis.”

“Así para no dejarse llevar por el movimiento delirante, se trata entonces de volver a centrar al sujeto en los fenómenos elementales, los S1 aislados que se le imponen al sujeto psicotizado.”

“En la estabilización de la metáfora, el significante y el significado(de acuerdo a la primera formulación de la metáfora), el goce y el Otro(en la segunda formulación de esta metáfora), encuentran una manera de mantenerse unidos, el objeto a encuentra su lugar”.

¿Qué ocurre en los casos donde no encontramos una estabilización de la metáfora delirante?. ¿Qué actúa cómo punto de basta en esos casos raros, en estos casos inclasificables de la clínica?

“Entonces, , el hecho de que el lenguaje se haga cargo del goce, encuentra su uso particular”. Éric Laurent nos invita a escuchar la lengua particular de cada sujeto. “Cuando un sujeto psicótico viene a vernos, escuchamos la psicosis para que nos enseñe los elementos no estándar que el sujeto pone en marcha como puntos de detención. Al escucharlo nos preguntamos qué actúa para él como punto de capitón.”

Se trataría de “apuntar a que se introduzca la posibilidad de un corte, que la lengua deje de estar compactada, holofraseada.” Tomando la orientación de Jacques Alain Miller de “La fuga del sentido”3 al “Entonces, Sssh” tratamos de  obtener la posibilidad de las comas, de un silencio, donde “cortar el flujo significante …es la manera de acercarnos a la estructura del significante completamente solo. El significante unario, insensato como tal, quiere decir que el fenómeno elemental es primordial.”

¿Hacia dónde apunta está orientación?

Apunta hacia lo singular, apunta hacia el sinthome, tal y como Jacques Alain Miller nos orienta en su clase de diciembre del 2008, donde dice “el punto de vista del sinthome borra la distinción nuerosis-psicosis cuando destaca el modo de gozar en su singularidad, es decir, sustrayéndolo de las categorias. Esto es lo que quiere decir singularidad”4

Y tal y como Éric Laurent señala, “apuntar al sinthome es destacar, volver sobre los significantes, aislarlos, separarlos de la cadena, darles todo su lugar, que se desprendan de la cadena significante”

Por tanto, Éric Laurent nos propone en este texto  que “el reverso de la interpretación consista en cernir el significante como fenómeno elemental del sujeto, y como anterior a que se haya articulado en la formación del inconsciente que le da sentido de delirio.” Nos ofrece un  horizonte y desafíos para continuar este work in progress de las psicosis ordinarias donde el discurso del analista es “esta operación de corte del inconsciente. Apunta a producirlo.”

 

Jorge Lastra

 

1 Conferencia de clausura del Seminario anglófono”psicosis ordinaria”, realizado en Paría en julio de 2008, y publicada en al Revista Quarto 94-95,en enero de 2009 en Bruselas ECF, y en Mediodicho Nº35

2 Miller,J.-A, “Todo el mundo es loco”, Paidos,Bs.As., 2015

3 Miller,J.-A, “ La fuga del sentido”, Paidos,Bs.As., 2012

4 Miller,J.-A, “Entonces Sssh..,”, Minilibros, Eolia, Barcelona-Bs.As.,1996

 

 

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Cita IV

La categoría de sujeto- sujeto que está agarrado del S1- es in-homogenea, es decir, que el sujeto no es una categoría, no es susceptible de categorización. Así que la promesa del discurso analítico es la contraria a la del discurso de la evaluación: “no serás comparado”. Por eso cuando operamos con la noción de diagnóstico, nos ajustamos a algo que no entra en el discurso analítico propiamente dicho, pertenece a los preliminares. Por esa razón hay que lograr hacerlo más bien rápidamente: el diagnóstico es preliminar porque quiere decir clasificar en categorías. Mientras que una vez que el discurso analítico está instalado, el sujeto es incomparable. (…) Así como la cultura de la evaluación devalúa -el primer efecto buscado en la evaluación es producir en el evaluado la perdida de la estima de sí- el discurso analítico de manera estructural valoriza al sujeto.”
    Miller, Jacques Alain, La era del hombre de cantidad  En Todo el mundo es loco, Paidos, Buenos Aires, 2015, p.p 137.
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Cita III

La lectura de Jacques-Alain Miller fue considerar la pareja ordenada S1a: es decir, que un significante no va sin su cara de goce. De la misma manera que en la mecánica cuántica siempre hay dos aspectos de un fenómeno, en nuestra mecánica siempre está en juego el aspecto significante y el aspecto goce. Así se constituyó también el interés por el funcionamiento del S1 sólo -no tanto en cuanto pareja ordenada sino cortado de su relación con el S2-.  (…) En los grandes delirios la dirección de la cura consistía en tratar de evitar el delirio como tal. El modelo era Schreber. Pero cuando no tenemos esta producción tan importante: ¿qué hacer? La idea era más bien centrarse en el acontecimiento del cuerpo como el momento de abrochamiento, el punto en el cual se pueden anudar para un sujeto las consistencias RSI. (…) En esta nueva época nuestra orientación es precisamente seguir el programa de investigación sobre cómo hacer con esta perspectiva del S1 solo –sin el apoyo de la interpretación con el S2.

Laurent. Eric. La psicosis ordinaria. En: ¿Cómo se enseña la clínica? Páginas 85 y 92.

(Conferencia dictada en noviembre de 2006)